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  • Redacción.

110 años del Titanic, el naufragio de un barco y los apellidos ilustres que se hundieron con él


 


 

Las aguas heladas, el iceberg, la orquesta que tocó hasta el final, ‘las mujeres y los niños primero’… Todo lo que rodea al naufragio del Titanic ha sido pasto de la leyenda, como si se tratase de un mito griego o de un relato perdido del Antiguo Testamento. Quizá por eso, la titanicmanía que nos dio tan fuerte en 1998, el año en el que la película de James Cameron batió todos los récords imaginables (y los que no también: se calcula, por ejemplo, que el 30 por ciento de la población española fue a verla al cine, una auténtica barbaridad), tuvo más de pasión pop por un relato soñado que de recuperación de una tragedia real que hizo perder la vida a más de 1.500 personas. Ocurrió un 14 de abril de 1912, hace ahora 110 años. Y entre los que fallecieron también se encontraban los miembros de algunas de las familias más ilustres de la era eduardiana. Una metáfora de la clase alta, de la vieja nobleza que se desvanecía dando paso a una nueva sociedad, la de las clases medias. ¿Supuso el hundimiento del Titanic el verdadero inicio del siglo XX?


Situémonos en aquel tiempo previo a la Primera Guerra Mundial, en el que el nuevo siglo aún era esperanza y quimera; una apasionante era llena de ismos y modernidad. En 1912, el Titanic era el barco más grande y más lujoso de la época. Su viaje inaugural atrajo la atención de las figuras más destacadas de la época, ansiosas por alojarse en sus camarotes de primera clase y comprobar la expectación que la embarcación despertaría al llegar a Nueva York. Entre los ilustres pasajeros que se embarcaron el 10 de abril estaba John Jacob Astor.

“El hombre más rico del barco”, le comenta Kate Winslet a DiCaprio en uno de los diálogos más expositivos de la cinta de Cameron. Era el cuarto de su generación, o sea, John Jacob Astor IV. En su haber, además del hecho de ser un prominente empresario, escritor ocasional y uno de los hombres más ricos de Norteamérica, figuraba haber luchado en la guerra hispano-estadounidense en la que los españolitos perdimos Cuba. Astor embarcó en el Titanic con un escándalo a sus espaldas, ya que su segunda esposa, Madeleine, era unos veinte años menos que él y por entonces aún era una adolescente. La sociedad de la época criticó con fiereza la diferencia de edad.


Madeleine estaba embarazada y no podía sospechar que su hijo, un riquísimo heredero, jamás llegaría a conocer a su padre. Las versiones sobre cómo murió John la madrugada del 14 al 15 de abril, cuando el crucero chocó contra aquel iceberg maldito, fueron variadas. Unos dicen que fue aplastado por una de las chimeneas del barco. Otros lo han negado durante años, alegando que su cuerpo fue encontrado intacto. En cualquier caso, los Astor siguen siendo una de las familias más poderosas del mundo hoy día, cuando el recuerdo del Astor IV ha ensombrecido incluso al de su bisabuelo, el germen de su inmensa fortuna.


En aquel viaje desde Southampton, ciudad de la que zarpó el trasatlántico hacia Nueva York, también viajaba Benjamin Guggenheim, dueño y señor de una rentable empresa de minería.


El ‘National Geographic’ de la época lo definió como “playboy y jugador”. No era para menos, ya que su colección de queridas era casi tan grande como sus ases bajo la manga cada vez que jugaba al póker. De hecho, en la travesía del Titanic estaba acompañado de Léontine Aubart, una de sus amantes. Cuando el barco chocó contra el iceberg estuvo rápido para ponerla a salvo, en un bote salvavidas. Su despedida fue tan fría como el hielo que había caído en la cubierta pues Guggenheim no daba demasiada importancia a lo que acababa de ocurrir. Pensaba, ingenuo, que la maquinaria del barco volvería a funcionar al día siguiente.


Horas después, era consciente de su error.


La leyenda asegura que se dejó ahogar junto a sus dos criados. La frase que pronunció poco antes de morir, también inmortalizada en el cine, fue contundente. “Nos hemos vestido con lo mejor y estamos dispuestos a hundirnos como caballeros”, dijo. Fue James Etches, un asistente de cabina del Titanic, el que trasladó a la prensa los detalles de los últimos minutos del potentado . También contó que el millonario, sabiendo que iba a perecer, dejó un mensaje para su esposa: “Si me pasa algo, dile a mi esposa en Nueva York que he hecho todo lo posible para cumplir con mi deber”.


Otro matrimonio de millonarios que aparece en los relatos sobre el Titanic es el formado por Isidor e Ida Straus. Cuando ambos se embarcaron en el trasatlántico, acompañados de su criada, tenían 67 y 63 años respectivamente y llevaban 41 casados. Su patrimonio, acumulado durante años, lo había llevado a él a ser, por ejemplo, el copropietario de los famosos almacenes Macy’s de Nueva York. La tragedia hizo su amor eterno. Cuando ambos fueron a embarcarse a un bote, el oficial Lightoller indicó a Isidor Straus que solo podían embarcar a mujeres y niños. Ida Straus, que ya estaba subida en un bote, saltó a la cubierta del buque.


“Hemos estado juntos durante muchos años, donde tú vayas, yo voy”, aseguran que dijo. Y, efectivamente, así han pasado a la pequeña gran historia del naufragio: como dos símbolos románticos de una tragedia marítima.


En la película de James Cameron los vemos como dos venerables ancianos que se abrazan en la cama mientras el agua lo inunda todo a su alrededor. De fondo, la película reproduce la música de ‘Nearer My God To Thee’, que, según testigos del naufragio, fue la última pieza que tocó la orquesta antes de perecer. El cuerpo de Isidor fue hallado en el mar. El de Ida jamás apareció, lo cual no ha impedido que ambos tengan su propio mausoleo en un cementerio de Nueva York. “Ni todas las aguas pueden aplacar el amor, ni las inundaciones anegarlo”, reza el escrito bajo sus imponentes figuras.


El cine, un eco de la tragedia


Los ricos y los pobres que viajaban en el barco, símbolo y retrato de toda una época, atrajeron enseguida al arte más popular del siglo XX, el cine. La primera cinta de apenas un rollo que se rodó sobre la tragedia se estrenó poco tiempo después de hundirse el barco.


Entre las versiones más raras se encuentran una realizada por el aparato de propaganda nazi en 1943. Hollywood tardó en recurrir al desastre. Lo hizo bien entrada la década de los 50, pese a que anteriormente el mismísimo Alfred Hitchcock quiso rodar su versión de la historia.


Cuando David O’Selznick le propuso trasladarse a Estados Unidos y firmar un contrato con su estudio, ‘Titanic’ era la película con la que el británico y ‘mago del suspense’ iba a estrenarse en la meca del cine. Al final, los retrasos y el alto presupuesto hicieron que ese debut fuese ‘Rebeca’.


En los años 50, Fox estrenó un melodrama protagonizado por Barbara Stanwyck y Clifton Webb dirigido por Jean Negulesco. Sin embargo, la mejor versión (al menos en esa década) llegó de Gran Bretaña y de la mano de Roy Baker. Su adaptación de la novela ‘A Night to Remember’, el mejor libro sobre el hundimiento, se estrenó en 1958 y fue alabada por su veracidad documental. Sin embargo, la versión que todos tenemos en la cabeza es, lo han adivinado, la que convirtió en fatídicos amantes a Leo y a Kate.


11 Oscar, un récord de presupuesto (unos 250 millones de dólares de hace un cuarto de siglo) y de taquilla (fue la primera película en superar el billón de dólares de recaudación y en cifras globales seguirá siendo la más taquillera del siglo XX), una banda sonora éxito de ventas (la que más, de hecho) convirtieron ‘Titanic’ en la palabra que estuvo en boca de todos a lo largo de 1998, cuando la película de James Cameron se fue estrenando a lo largo y ancho del planeta Tierra. En Afganistán, de hecho, incluso hubo peluquerías que ofrecían a sus clientes el corte de pelo de DiCaprio de manera clandestina. ‘Titanic’ es, además, la única película que ha ganado el Oscar y el MTV (que entrega el público) al mejor film. Una prueba de que se trataba de un fenómeno cultural a lo bestia, capaz de conciliar a académicos y a adolescentes que tenían en su cuarto uno o varios posters de Leo colgados en la pared.


110 años después del naufragio que hizo desaparecer un barco en apenas 3 horas y 25 después del fenómeno pop, la mejor definición de lo que significa este barcometáfora sigue siendo la que dio el programa ‘Informe semanal’ al hablar de la cinta de Cameron. Atentos:


“Concebida como un mito romántico que reporta ingresos millonarios, es la narración épica de las pasiones humanas, que siempre, desde que existen la literatura y el cine, conducen a la tragedia y al fracaso de los hombres”.


** Con información de Vanitatis.

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