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  • Redacción.

El rastro de destrucción de ‘Otis’ en Acapulco


- Imágenes satelitales ponen al descubierto los daños causados por el ciclón, que arrasó con más de 7.000 hectáreas de construcciones y dejó cientos de miles de damnificados


Acapulco quedó arrasado en cuestión de horas. El rastro de destrucción de Otis, el huracán más fuerte que ha impactado el Pacífico mexicano, aún es visible, incluso desde el espacio y cinco días después de que tocara tierra. Imágenes satelitales ponen al descubierto la magnitud de la tragedia en la antigua joya turística de México y arrojan una primera estimación de los daños a la espera del recuento oficial: hasta 580.000 personas damnificadas, 7.000 hectáreas de construcciones destruidas o dañadas y alrededor de 900 kilómetros de caminos y calles inundados o afectados. Son datos de Copérnico, una iniciativa del programa espacial de la Unión Europea para la observación de la Tierra, prevenir los impactos de las catástrofes y mitigar los efectos del cambio climático.


Las imágenes de los satélites, publicadas el domingo por la tarde, también han identificado dónde están las zonas más afectadas: la franja de devastación se extiende desde Pie de la Cuesta y la laguna de Coyuca hasta las inmediaciones de la bahía, Acapulco Diamante, Barra Vieja y el aeropuerto internacional, según el último informe del programa Copérnico. El saldo preliminar es de 46 muertos y 58 desaparecidos, según las autoridades.


El centro del huracán Otis tocó tierra a las 00.25 del miércoles pasado, a pesar de que se pronosticaba que lo hiciera hasta las seis de la tarde en las inmediaciones de Acapulco. El investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, Jorge Zavala, explicó este lunes en conferencia de prensa que no hubo un margen de error significativo en la estimación de la trayectoria, pero sí de la intensidad del ciclón. “Hace 10 días, nadie hubiera creído ni en México, ni en Estados Unidos ni en Canadá ni en la universidad que podríamos observar un error tan grande”, dijo el especialista.


En 12 horas, Otis pasó de ser una tormenta tropical a un huracán categoría 5, la más alta de la escala Saffir-Simpson, que se basa en la velocidad promedio del viento para medir la intensidad de los ciclones. A las nueve de la mañana, Otis tenía vientos apenas superiores a los 100 kilómetros por hora como tormenta tropical. Pero para las nueve de la noche, ya superaban los 250 kilómetros por hora y ya era en toda regla un huracán categoría 5. “No se tuvo el pronóstico adecuado 24, 48, 72 horas antes”, dijo Zavala. El académico agregó que los protocolos de seguridad dependen de la categoría del evento meteorológico y el tiempo previo a que se acerque a las costas. Todo fue muy rápido. “Los tiempos de los protocolos no preveían un escenario como el que ocurrió”, afirmó.


Una de las claves para entender los daños está en la rapidez del viento porque aumenta exponencialmente, al cubo, el potencial de destrucción de un fenómeno meteorológico. “Un pequeño incremento en la magnitud del viento aumenta su capacidad de destrucción en una forma enorme”, señaló Zavala. Las rachas, los picos de velocidad del viento, rondaron los 330 kilómetros por hora en la noche cuando tocó tierra en el Estado de Guerrero.


La destrucción, en rojo en las imágenes de Copérnico, se concentra en las zonas costeras de Acapulco, como muestra la imagen principal. Al oeste, hay daños visibles en Pie de la Cuesta, sector Tres Palomas, Los Mangos y San Isidro. Hacia la bahía, las afectaciones se extienden en las colonias que bordean la zona montañosa desde Bellavista hasta El Mirador. La zona central, donde están las playas más tradicionales, está pintada de naranja, el color asignado a las zonas dañadas. Al este, el mapa se pinta de rojo otra vez desde las inmediaciones de Puerto Marqués hacia el aeropuerto. El sector privado estima que los daños representan miles de millones de dólares.


Es en el extremo oriental de la ciudad donde las inundaciones son más visibles, en azul en las imágenes de Copérnico. La plataforma ha hecho un mapa detallado del aeropuerto, donde sufrieron daños la torre de control y hangares, varias fachadas quedaron destruidas y avionetas terminaron volcadas. La Marina informó que la terminal aérea retomó operaciones desde el jueves pasado, aunque con capacidades limitadas a vuelos humanitarios.


El Gobierno agregó en sus últimos informes que no hay afectaciones graves en la pista. El Grupo Aeroportuario del Centro Norte (OMA), que opera el aeródromo, dijo este lunes que aún era pronto para saber el alcance de los daños y confió en tener una primera evaluación en los próximos días, mientras siguen las labores de restauración. Tuvo un tráfico de poco menos de 800.000 pasajeros entre enero y septiembre de este año.


El aeropuerto, pintado predominantemente de naranja, está al lado de la laguna de Tres Palos. Zavala comentó que las zonas aledañas a las lagunas, como Pie de la Cuesta en el otro lado del puerto, son las que mayores desafíos presentan en el plan de contingencia de un huracán. “Estas zonas son muy peligrosas porque si el mar entra con marea de tormenta, realmente no hay para dónde escapar”, afirmó.


“No hay que ser apocalípticos, pero hay que estar conscientes de que este tipo de eventos van a ser cada vez más frecuentes”, advirtió el investigador. El huracán ha detonado un debate sobre la preparación de la ciudad antes de la catástrofe y la viabilidad de tener desarrollos inmobiliarios y turísticos pegados a la costa ante desastres potenciados por el cambio climático. Otis dejó daños del 80% en la infraestructura hotelera, según los primeros recuentos. Muchos inmuebles no tenían seguro.


Zavala dijo que existen varias posiciones en esa discusión. Hay quienes creen que debe construirse infraestructura capaz de resistir los embates de estos fenómenos, otros sostienen que se debe apostar por estructuras que puedan recuperarse rápidamente y unos más que afirman que los asentamientos humanos no son recomendables en ciertas partes. Sobre Acapulco dijo que la evaluación debe hacerse caso por caso.


En el interior de Acapulco, en el norte y noreste de la ciudad, también hubo daños considerables, aunque menores que en la costa. La plataforma asigna el color naranja y amarillo, para partes posiblemente dañadas, a este lado de la ciudad. Sin embargo, las localidades de Huerta Carmela Rivera Terrazas, Nueva Frontera y las colonias Nueva Revolución y Rubén Figueroa Alcocer, así como la zona pegada al río de la Sábana sufrió inundaciones. A pesar de estar lejos de la línea de costa, Copérnico estima que hay 180.000 habitantes posiblemente afectados en esta región.


Las zonas inundadas cubren 900 hectáreas, según los datos preliminares de Copérnico. Poco más de 893 kilómetros de carreteras, calles y caminos también sufrieron daños, según esta evaluación. El Gobierno de México prepara un censo oficial de daños de la mano de la Marina y la Secretaría de Bienestar. Además de Acapulco, otros siete municipios han quedado arrasados en Guerrero, uno de los Estados más pobres del país. “Vamos a poner de pie a Acapulco, ese es mi compromiso”, aseguró el presidente, Andrés Manuel López Obrador, en un mensaje a la nación el pasado fin de semana.



**Con información de EL PAÍS




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