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  • Redacción.

¿El 'cementerio' de los libros? Esto pasa con los tomos viejitos o que ya no se leen


- ¿Qué pasa cuando un libro es obsoleto y debe descartarse de una biblioteca? En la actualidad, hay herramientas para que los libros tengan 'nueva vida' después de un descarte, considera bibliotecario.


Un Diccionario Enciclopédico Universal Océano de 1993 no tiene una entrada que defina qué es un 'tweet' y en una ilustración sobre qué es un teléfono muestra un auricular achatado, conectado a un cable, con micrófono y batería, muy diferente a lo que ahora conocemos como teléfonos inteligentes. ¿Los tomos de este diccionario enciclopédico siguen resultando útiles? ¿En qué contexto? ¿Si no son del todo útiles, significa que el libro está "muerto"?


En el contexto de libros en bibliotecas, hay manuales que aconsejan cuando podría decirse “que un libro muere” o al menos cuando ya no resulta conveniente seguir albergándolo. A ese proceso se le llama descarte y se refiere a la evaluación crítica de los materiales de un acervo para retirar los libros que no resultan útiles para que los usuarios tengan una lectura recreativa y formativa.

Sin embargo, hay diferentes consideraciones sobre "el más allá" de los libros, es decir ,sobre qué pasa después del descarte, por lo que Marcial Alejandro García Pérez, bibliotecólogo y bibliotecario de la Mediateca de Centro de Diseño, Arte y Televisión, explicó a Radio Fórmula que es importante considerar el descarte como una activación más que como una 'muerte'.


Marcial Alejandro señaló que cuando las condiciones físicas lo permiten, un libro descartado en una biblioteca puede significar la activación en otra o incluso la donación individual para un lector.


“Tradicionalmente en la literatura bibliotecaria sí están las sugerencias de que un tipo de libros se descarten y a veces se pueda donar a otras bibliotecas con las que se tiene alianza o afinidad; yo personalmente soy de la idea de que estamos en una era en la que ya podemos hacer otro tipo de acciones como activaciones”, comentó Marcial Alejandro García Pérez.


Alejandro García explicó que este tipo de acciones de activación pueden tratarse de regalos o donaciones. Incluso, apuntó que algunas bibliotecas pueden hacer donaciones para que los libros se conviertan en piezas de arte. Y señaló que para las bibliotecas los libros no deben ‘morir’, como tal sino 'convertirse en abono'.


Los manuales consideran razones de descarte: el contenido obsoleto o de baja o nula consulta; deterioro físico importante; el tener exceso de ejemplares o una mala edición. Y aunque dependiendo de la situación, la evaluación y el criterio subjetivo del bibliotecario determinan si la medida es definitiva o procede a reubicación, García Pérez consideró que lo mejor es siempre la reubicación.


Descarte’ es una palabra muy fuerte, que en pocas palabras significa ‘darle otra vida’, ya sea en un acervo nuevo o en un acervo privado, para incentivar a las personas a adquirir libros”, agregó el bibliotecario.


Las dudas de los procesos en bibliotecas públicas


Los materiales de las bibliotecas públicas son considerados bienes nacionales y patrimonio cultural de un país, por lo que la Dirección General de Bibliotecas toma en cuenta para sus procesos la Ley General de Bienes Nacionales, las normas generales para el registro, afectación, disposición final y baja de bienes muebles de la Administración Pública Federal Centralizada y la Ley General de Bibliotecas.


“En este sentido, el artículo 131 de la la Ley General de Bienes Nacionales señala que "será responsabilidad de las dependencias y las unidades administrativas de la Presidencia de la República, la enajenación, transferencia o destrucción de los bienes muebles de propiedad federal que estén a su servicio y que por su uso, aprovechamiento o estado de conservación no sean ya adecuados o resulte inconveniente su utilización en el mismo, así como la enajenación o destrucción de los desechos respectivos".


Sin embargo, en la nueva Ley General de Bibliotecas, publicada en junio de 2021, no se menciona la facultad de la Dirección General de Bibliotecas para recibir de las bibliotecas que integran la Red Nacional, las publicaciones obsoletas o poco utilizadas y redistribuirlas en su caso, como señalaba la ley anterior en su capítulo 2, artículo 7.


Sumado a este misterio sobre qué pasa en las bibliotecas públicas después de un descarte, en febrero de 2023 circularon imágenes en redes sociales de un descarte masivo en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada en las que se veía por lo menos un cajón de camión lleno de libros descartados. En esa ocasión, encargados y autoridades se negaron a explicar a reporteros de El Universal a dónde iban todos esos libros.


Marcial Alejandro consideró que a pesar de estas cuestiones, por el bajo presupuesto de bibliotecas, sobre todo de las públicas, los descartes no pueden ocurrir con tanta frecuencia y deben planearse y coordinarse.


“Considero que como las bibliotecas no están bien dotadas en presupuesto, al menos en este país, uno no se puede dar el lujo de andar comprando a cada rato libros”, dijo el bibliotecario.


El bibliotecario relató que cuando se hizo un descarte en la Mediateca de Centro, por ejemplo, los libros fueron dados a un colegio de bachilleres y a un colegio judío, lo cual resultó en una buena activación pues en el grupo había libros de moda, descartados por falta de espacio en Centro, que pudieron ser aprovechados por talleristas de moda.


“Si centros educativos como el Tec, la Ibero o Centro se ponen a donar libros y empiezan a descartar libros del 2010 para atrás, y estoy seguro de que muchos libros sí los pueden donar a las bibliotecas públicas, muchos serían ‘joyas’”, explicó.


**Con información de Radiofórmula

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