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Es urgente un contrato social entre la ciencia y la sociedad

  • Redacción.
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura

La participación de todos en la ciencia no es opcional, es la base del desarrollo sostenible, señaló el Doctor Daniel Alberto Jacobo Velázquez, Decano Asociado de Investigación y Posgrados Científicos de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey.


Vale la pena mencionar que hace apenas un año se proclamó el Decenio Internacional de la Ciencia para el Desarrollo Sostenible (2024–2033), en ese contexto la UNESCO advirtió que al cierre de 2024, sólo el 17 % de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible estaban encaminadas y más de un tercio retrocede.


El llamado a la participación actual es urgente, dijo el experto, pues si solo unos pocos participan en la ciencia, no basta; si no es abierta, no transforma; si no involucra a la sociedad, no escala y si no incorpora a los jóvenes, no tiene futuro.


Jacobo Velázquez indicó que necesitamos reposicionar la ciencia como una fuerza colectiva al servicio del bien público. La ciencia no puede transformar la realidad si permanece aislada del resto de la sociedad. En el mundo, la investigación avanza a pasos agigantados, pero sus beneficios no llegan con la velocidad, la escala o la claridad que nuestros tiempos demandan.


Mencionó en entrevista que la celebración del Día Internacional del Compromiso con la Ciencia para el Desarrollo Sostenible, que se celebra los días 27 de noviembre, es profundamente transformadora, pues no busca únicamente reconocer avances científicos, sino activar un ecosistema de participación en el que ciudadanos, estudiantes, empresas, gobiernos y academia trabajen juntos para generar soluciones reales y acelerar los objetivos del desarrollo sostenible.


La ciencia es más efectiva cuando se abre, se comparte y se construye con otros, necesitamos un nuevo contrato social entre ciencia y sociedad. La resolución aprobada por el Consejo Ejecutivo de la UNESCO estableció una misión contundente que es empoderar a las personas con el conocimiento, herramientas y plataformas necesarias para transformar sus comunidades


Dijo que ese planteamiento refleja algo que en la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey se vive todos los días como es la investigación aplicada de alto impacto que ya no se mide solo por publicaciones, sino por su capacidad de mejorar vidas, fortalecer sistemas productivos y aportar soluciones sostenibles.


Las crisis climática, hídrica, sanitaria e industrial que enfrentamos hoy son demasiado profundas para ser abordadas desde una sola disciplina o por un solo actor. Necesitan ingeniería, ciencia, políticas públicas, educación, financiamiento y participación ciudadana trabajando de manera coordinada, indicó.


En México, estamos apostando por un modelo que encarna este espíritu. Desde la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, impulsamos una estrategia de investigación de impacto, ciencia que se convierte en soluciones reales debido a que impulsamos la investigación que atiende problemas críticos.


En el tema de salud y bienestar, damos prioridad a tecnologías médicas accesibles, diagnóstico temprano, biotecnología para prevención, pensando siempre en el bienestar de la población. En materia de clima y sostenibilidad, soluciones para agua, agricultura regenerativa, transición energética, ciudades resilientes, nuestra meta es el cuidado del planeta.


En el terreno de la transformación industrial, estamos a la vanguardia en el desarrollo de inteligencia artificial, automatización, semiconductores, manufactura avanzada, siempre buscando generar valor para la sociedad.


Consideramos que la ciencia debe llegar al lugar donde genera más impacto: hospitales, plantas industriales, granjas, ciudades, y políticas públicas.


Por ello, impulsamos la participación amplia entre academia, industria y gobierno. Los proyectos más exitosos que desarrollamos tienen un elemento común: corresponsabilidad. Creemos en la ciencia que fortalece la competitividad y el desarrollo sostenible, para nosotros, la ingeniería aplicada es motor económico, sí, pero también una herramienta de equidad, resiliencia y bienestar, señaló.


Finalmente hizo un llamado a actuar, para abrir los laboratorios a todos, a los gobiernos para fomentar nuevas políticas públicas basadas en evidencia científica actualizada, a las empresas para invertir en innovación responsable y a la ciudadanía para a involucrarse y confiar en el conocimiento riguroso.


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