Fuego en el paraíso
- Redacción.
- hace 23 horas
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Actualizado: hace 20 horas

El mayor riesgo para un proyecto político no siempre proviene de la oposición, sino de sus propias fisuras. Eso es lo que comienza a perfilarse en el horizonte de MORENA de cara a las elecciones intermedias de 2027 y, por extensión, para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Los recientes episodios protagonizados por figuras relevantes del oficialismo y sus aliados no solo evidencian descoordinación interna, sino que proyectan una narrativa de fragmentación que puede tener costos políticos acumulativos.
El caso más reciente es el del coordinador de los senadores del Partido Verde, Manuel Velasco, quien destapó públicamente como aspirante al gobierno a su compañera de bancada Ruth González, pese a que la presidenta ha manifestado su desacuerdo con los tiempos y métodos de las sucesiones anticipadas. Más allá del nombre en cuestión, el mensaje es claro: las decisiones estratégicas comienzan a tomarse sin el aval del Ejecutivo, erosionando la idea de disciplina que ha caracterizado al movimiento.
Un episodio similar ocurrió cuando el senador Adán Augusto López impulsó públicamente la candidatura de Andrea Chávez al gobierno de Chihuahua. De nuevo, el gesto se leyó como una señal de autonomía —o desafío— frente a la línea presidencial. El “destape” adelantado no solo rompe con la narrativa de institucionalidad que busca consolidar la nueva administración, sino que reaviva prácticas que el propio movimiento criticó durante décadas.
Estos movimientos prematuros abren un flanco delicado: la percepción de que el oficialismo está más concentrado en la sucesión que en la gestión. Y en política, la percepción suele ser tan determinante como la realidad.
A ello se suman conflictos públicos que, aunque puedan parecer personales, tienen implicaciones estructurales. El desencuentro entre el senador Ricardo Monreal y la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, expone divisiones regionales y luchas por control territorial. Las tensiones entre Jesús Ramírez Cuevas y Julio Scherer Ibarra revelan fracturas en el círculo cercano al poder presidencial. Y la confrontación entre Marx Arriaga y el secretario de Educación, Mario Delgado, proyecta desorden en un sector tan sensible como el educativo.
Tomados en conjunto, estos episodios dibujan un escenario preocupante para MORENA. Primero, porque desdibujan la autoridad presidencial en la conducción del proyecto. Segundo, porque alimentan la narrativa opositora de que el movimiento ha entrado en una etapa de disputas internas por cuotas de poder. Y tercero, porque generan desgaste prematuro rumbo a 2027, cuando el oficialismo necesitará cohesión para refrendar su mayoría legislativa y sostener la viabilidad política del sexenio.
El riesgo mayor para la presidenta Sheinbaum no es la crítica externa, sino que estas pugnas se conviertan en una dinámica permanente. Si la militancia y la opinión pública perciben que la toma de decisiones está fragmentada, el liderazgo presidencial puede verse diluido antes de consolidarse plenamente.
¿Qué hacer antes de que estos problemas se conviertan en una crisis?
El poder presidencial debe reunir pronto a las cabezas visibles de los diferentes grupos, corrientes y/o expresiones políticas al interior del movimiento y les debe establecer reglas claras y públicas sobre tiempos electorales internos, con sanciones explícitas para los “destapes” anticipados.
Debe Fortalecer la coordinación política con aliados como el Partido Verde, alineando estrategias antes de que se hagan anuncios unilaterales. Reforzar el mensaje de prioridad gubernamental, centrando la narrativa en resultados concretos y no en disputas sucesorias. Activar mecanismos internos de mediación y disciplina partidista, evitando que conflictos personales se trasladen al espacio público, para de esa forma hacer sentir su liderazgo con firmeza institucional, dejando claro que el proyecto político está por encima de aspiraciones individuales.
La Presidenta aún está a tiempo de convertir el momento en una oportunidad para reafirmar autoridad y cohesión. Pero si el fuego amigo continúa extendiéndose, el 2027 podría comenzar a escribirse mucho antes de lo previsto —y no necesariamente en favor del partido en el poder.
* El autor es abogado, escritor y analista político.





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